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jueves, 25 de julio de 2013

Bonjour Tristesse.

Tomo prestado el título de la novela escrita por Françoise Sagan en 1954 y posteriormente llevado al cine por Otto Preminger en 1958. Hoy ha sido un día triste, muy triste. Dentro de pocos minutos se cumplirán 24 horas del desastroso accidente ferroviario en Santiago de Compostela, en el que más de 80 personas han muerto y bastante más de un centenar han resultado heridos. 

Precisamente hoy, se celebra el Día Grande de la Comunidad Autónoma de Galicia, Día de Santiago, Santo Patrón Protector de España: Jacobo, Jacob, Yago, Iago, Jaime, Tiago, Santiago y Diego, todos ellos variantes en español del nombre propio Ya'akov (en hebreo יַעֲקֹב). Precisamente hoy, día de Fiesta para nuestros hermanos gallegos, la fatalidad ha querido que tengamos que saludar el día con un "Buenos días, tristeza". 

Hace mucho tiempo que no veo la televisión, quizás alguna serie policíaca, algún telediario..., pero la verdad es que la política de este país, las corruptelas que discurren por los pasillos de los partidos que supuestamente nos representan, y digo supuestamente, ya que pienso que ninguno de nosotros fuimos a las urnas a votar a esta panda de mangantes, sino que lo hicimos para ejercer nuestro derecho a ser representados legítimamente, pero  con la clase política que tenemos nos salió el tiro por la culata. Aunque no quiero irme por otros derroteros. Como decía, veo poco la televisión y las pocas veces que lo hago se me revuelven las entrañas viendo como la gente está más pendiente del "Royal Baby" que de lo que continúa pasando en Siria, o de la cantidad de personas que mueren diariamente en el mundo debido al hambre, a las guerras, a la incivilizada civilización, etc.; lo confieso, soy de esas personas de lágrima fácil, que aún no se ha acostumbrado a ver ciertas imágenes en la caja tonta. Ayer lloré, y hoy he llorado como hacía tiempo que no lo hacía. Pienso en el dolor de los familiares de las personas que han muerto en el accidente de Santiago de Compostela y se me arruga el corazón. 

La mayoría iban a celebrar con sus familiares o amigos un gran día de fiesta, otros, ya fuese por convicciones religiosas o de otros tipo, lo hacían para estar en día tan señalado junto al Apóstol. Los destinos de muchas personas se han truncado. El exceso de velocidad, según las fuentes oficiales, es la causa de tan terrible mazazo en nuestros corazones, y sigo preguntándome como es posible que no haya una serie de medidas de seguridad que impidan sobrepasar los límites de velocidad marcados en los tramos de los raíles. Y, por supuesto, si los hay, ¡cómo es que no han funcionado! Desde aquí quiero dar las gracias a todas las personas que trabajan para ayudar, en la medida de lo posible, a salir del caos, del dolor, de las garras de la muerte y a esclarecer lo que ha sucedido. Se lo debemos a las víctimas, a sus familiares, a los heridos, a todos los que se han visto salpicados en mayor o menor medida por la tragedia. 

 ESTAMOS CON TODOS VOSOTROS

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